lunes, 22 de octubre de 2007

El Centro Piloto de Investigación Aplicada Nº 1 Enrique Grinberg (Carlos Sozzani *)

En junio de 1973 fue designado rector interventor de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires, el profesor Rodolfo Puiggrós, quien impulsó un programa de renovación político-pedagógica tendiente a integrar activa y críticamente a la universidad al proceso de desarrollo social y productivo iniciado y conducido desde el gobierno nacional por el Presidente Cámpora. En ese marco se comprende la experiencia que aquí comentamos.

El 17 de julio de 1973 por medio de la Resolución Nº 99 se aprobó la creación de los Centros Pilotos de Investigación Aplicada (CEPIA), “… como equipos interdisciplinarios de investigación, constituidos por graduados y alumnos que desarrollarán sus tareas en zonas marginales o de desarrollo relativo…”

Las líneas generales de este proyecto habían sido previamente elaboradas por un grupo de universitarios, algunos de los cuales habían participado de las experiencias de extensión universitaria desarrolladas entre 1958 y 1966.

El 30 de agosto del mismo año, mediante tres resoluciones, se reglamentó su organización y se definió la localización del primero de ellos. El artículo 12 de la Resolución Nº 344 establecía: “Facúltese a los alumnos que cursan las diferentes carreras y estudios en esta Universidad, y dentro de las respectivas disciplinas que se desarrollen en los Centros, a realizar cursos prácticos en los mismos. Estos serán computables como cursos regulares de las respectivas Facultades. Las Facultades dependientes de esta Universidad deberán informar dentro de los treinta días de la presente resolución, qué cursos de prácticas podrán aprobarse en la actividad que se desarrolle en los Centros y expedir la correspondiente reglamentación.”

El primer y único CEPIA que llegó a desarrollarse funcionó en Avenida de los Corrales 6642 en el barrio de Mataderos (1), y su radio de acción abarcó además los barrios de Villa Lugano, Villa Soldati y Pompeya.

A los pocos días de la apertura del CEPIA, en septiembre de 1973, fue asesinado su director, Enrique Grinberg. Isabel Morera se hizo cargo entonces de la funciones de dirección del Centro.

Los objetivos del CEPIA eran:

- investigar el grado de satisfacción de las necesidades populares,
- registrar si la formación proporcionada a los estudiantes se ajustaba a la plena satisfacción de las necesidades populares,
- investigar cuáles eran los cambios estructurales que debían promoverse en la enseñanza en la UNPBA,
- elaborar propuestas para el mejoramiento de los servicios que prestados por distintos organismos públicos en relación con las necesidades populares,
- proporcionar a la población asistencia complementaria,
- elaborar conclusiones sobre el trabajo interdisciplinario y en equipo.

Las actividades realizadas se clasificaban y organizaban:

A) En función de los intereses comunitarios:

1- Apoyo técnico y trabajo: servicios, investigación para la comunidad, formación parasistémica.
2- Desarrollo adaptativo: análisis y promoción con miembros de la comunidad de la posibilidad de transferir lo adquirido en experiencias del Centro a la resolución de nuevas necesidades.
3- Participación en la dinámica comunitaria: reflexión con miembros de la comunidad acerca de la dinámica de sus propias organizaciones, críticas y propuestas; ámbito de síntesis entre lo manual y lo intelectual.

B) En función de los objetivos universitarios:

1- Trabajo: incorporación del trabajo a la formación profesional.
2- Investigación: recuperación institucional de los datos y aportes de las investigaciones realizadas.
3- Docencia: ejecución y reflexión crítica acerca de las experiencias de integración de docencia e investigación.

Las áreas de trabajo eran: salud, vivienda, educación, jurídico, cultura. Cada una tenía un coordinador. A continuación enumeraremos las experiencias desarrolladas en cada una de las mismas.

Salud: atención médica gratuita; encuesta de diagnóstico de necesidades e insuficiencias de servicios sanitarios de la zona; convenios con Salud Pública para realizar en el Centro la revisación sanitaria para la obtención del certificado de nacionalización; asesoramiento sobre enfermedades venéreas; instalación de un laboratorio de análisis clínico y provisión gratuita de medicamentos elaborados en la Planta Productora de la Facultad de Farmacia; la cátedra de Nutrición elaboró una encuesta sobre el tema que se aplicó en el barrio y organizó charlas de asesoramiento; discusiones grupales sobre el concepto de salud, prevención sanitaria, necesidad de promotores de salud, rol del equipo de salud, etc.

Vivienda: capacitación y aplicación de trabajos elaborados en la Facultad de Arquitectura y perfeccionamiento de los mismos a partir de la detección de problemas zonales no contemplados previamente; recopilación sistemática sobre los planes estatales y municipales para su estudio crítico; participación en equipos interdisciplinarios para el diseño de guarderías, dispensarios, lugares de recreación, etc.

Educación: instalación de guarderías, desarrollo de un proyecto de investigación sobre deserción y repetición escolar dirigido por la Dra. Emilia Ferreiro; seminario de recuperación de repetidores; formación de promotores educacionales comunitarios.

Jurídico: diagnóstico sobre las necesidades legislativas de la población marginal (fundamentalmente inmigrantes); consultorio de asesoramiento sobre: matrimonio, adopción, separación, problemas laborales y de vivienda, documentación y nacionalización.

Cultura: formación de un grupo de recreación; organización de talleres de expresión; montaje de espectáculos teatrales y cinematográficos.

La acción del CEPIA era concebida como complementaria de las organizaciones barriales representativas, y las tareas realizadas tomaban como punto de partida las necesidades detectadas junto a las mismas. Esto sin duda, significó una modalidad innovadora de abordaje de la realidad y la posibilidad de que sujetos no universitarios participaran activamente en el diseño, ejecución y evaluación de las investigaciones.

La intervención de Ottalagano en septiembre de 1974 determinó el cierre del CEPIA y el fin de esta experiencia.

Relevancia

Esta experiencia se planteó como un importante esfuerzo por vincular a la universidad en sus funciones de extensión, investigación y enseñanza a las problemáticas de los sectores populares. El abordaje interdisciplinario y la incorporación de las prácticas en el CEPIA en las currículas de las distintas facultades imprimían al proyecto características innovadoras en los aspectos académico y pedagógico. Por otra parte, la acción conjunta con las organizaciones populares posibilitaba nuevas modalidades de producción de conocimiento que reconocían los saberes y persectivas populares. Por último, el CEPIA se proponía evaluar si la orientación de la enseñanza e investigación de la universidad se ajustaba a las necesidades del país real, y a partir de un primer diagnóstico elaborar las propuestas de cambios estructurales para la UBA.



(1) También se estableció un convenio con la Sociedad de Fomento Barrio Piedrabuena para el uso de parte de las instalaciones de su sede social, ubicada en la calle Montiel s/n, casi esquina Zuviría.

* Artículo de divulgación realizado por Carlos Sozzani sobre la base del trabajo de investigación de Silvia Vázquez: La Universidad Nacional y Popular. Un espacio alternativo para la vinculación entre los intelectuales y el pueblo.

viernes, 19 de octubre de 2007

Los intelectuales y la política (Mario Toer *, Página 12, 19 de octubre de 2007)

Entre quienes tienen posibilidades de contribuir a la producción de ideas, se han venido desarrollando, a grandes rasgos, cuatro maneras de posicionarse frente a las transformaciones que se están produciendo en América latina. Están los que siempre se alinean con la defensa del statu quo, que constituyen la postura dominante entre quienes tienen capacidad para definir la agenda de lo público. En el polo opuesto, pero como si los hubiesen inventado los primeros, se encuentran algunos cenáculos que se olvidan de las enseñanzas de la historia y repiten con asombrosa perseverancia e inalterable melancolía los discursos revolucionarios de un siglo atrás, generando confusión y desasosiego. Están también, por cierto, los que se han alineado decididamente con lo nuevo que ha venido despuntando, pero que no siempre llegan a constituir un sector decisivo. Y están los que han preferido ubicarse en las gradas de las plateas y, con un cierto paladar negro, evalúan a los protagonistas, destacando por lo general sus limitaciones y las distancias con lo que serían sus más íntimas aspiraciones.

En cada país se distribuyen de manera diversa, pero me interesa atender al caso argentino donde resulta evidente, por lo nutrida, la presencia del último sector. Hay razones históricas que contribuyen a que sea así. De una parte, el más consistente movimiento popular surgido hace medio siglo, lo hizo prescindiendo de buena parte de la intelectualidad progresista, en medio de la confusión que generaban los posicionamientos en torno del curso de la Segunda Guerra Mundial. Tuvo que transcurrir casi un cuarto de siglo para que esa fosa entre pueblo e intelectuales comenzase a cerrarse. Pero las apuestas de entonces no fructificaron. Y el 1º de mayo de 1974, en la Plaza de Mayo, se abrieron nuevas heridas.

La pasión democrática de 1983 se fue diluyendo, lejos de las ilusiones de un nuevo movimiento histórico. Después, el desconcierto fue ingente cuando el movimiento popular de Perón y Evita fue utilizado como cobertura para imponer el recetario neoliberal. Finalmente, la frustración fue mayúscula con la efímera y tergiversada Alianza.

No es sorprendente que en el ánimo de muchos estos desencuentros hayan hecho mella. Los curados por el espanto no tienen por qué ser pocos. Pero lo que viene sucediendo ahora aquí es algo que nos trasciende y tiene presencia en toda la región: en Brasil, Venezuela, Uruguay, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, para nombrar a los más notables, con sus particularidades, según la relación de fuerzas en cada país. Es diferente a las encrucijadas de antaño. En nuestro caso, a diferencia de lo que nos ocurriera hasta ahora, no hay motivos para que las izquierdas que jalonaron el siglo XX, lo mejor del movimiento que forjó Perón, lo más auténtico del compromiso popular de los radicales y quienes intentaron forjar al Frepaso, no cierren filas en un proyecto compartido. Aunque no se tenga todo el libreto preparado, hay razones de fondo que contribuyen a que podamos reverdecer la esperanza. Por cierto que en el contexto de los tiempos que corren, en los que ya no se pueden imaginar revoluciones aisladas, ni presuntos socialismos que se van agregando desde diversos y remotos rincones de la periferia. Estamos en otro tiempo y, a diferencia de lo que ocurría en el siglo pasado, en nuestra región no son minorías precursoras las que se han puesto en movimiento sino que han despertado o reaccionado mayorías profundas.

Las dificultades y los interrogantes son ingentes, empezando por los márgenes para redistribuir riqueza que de buenas a primeras otorga la lógica de la economía globalizada, sin ceder flancos a la desestabilización. Probablemente haya que atender a la experiencia de los chinos, de los que no se puede decir que no hayan experimentado en su propia piel todas las alternativas imaginables, antes de utilizar las reglas de las artes marciales en la versión que ahora transitan. En cualquier caso, todo está para construirse y no hay garantías, salvo la certeza de que quienes quieren que nada cambie harán todo lo que esté a su alcance para desbaratar el intento. Ese es su papel.

Como nunca antes tenemos la posibilidad de aglutinarnos para poder realmente medir lo que somos capaces. Y no se trata de resignar el espíritu crítico. Bienvenido sea, siempre y cuando no nos confundamos en cuáles son realmente las expresiones de los que están decididamente enfrente, ni nos entusiasmemos con los microemprendimientos, que son ajenos a la trascendencia en la esfera de la política. Sin las enseñanzas de la historia, es normal que la espontaneidad haga perder de vista las distancias entre los deseos y lo que puede ser alcanzado. Perder de vista lo principal siempre facilita que cuele la provocación, la división y enseguida la derrota.

Podrá decirse: “¿Y si nos ensartamos, si esta gente arruga y se genera una nueva frustración?”. Quizá lo que no se entiende es que la pregunta está mal hecha. La resultante no sólo depende de “esta gente”, depende de toda la gente que se pueda juntar. Las transformaciones pendientes dependen de las espaldas del frente capaz de sustentarlas, capaz de bancarlas. En las calles, poniendo la anatomía, y en los foros, nutriendo argumentos. Sólo con mucha gente y muchas ideas se pueden generar transformaciones trascendentes. Y “esta gente”, a no dudarlo, ha abierto la puerta. Quizá ya sea hora de que dejemos las gradas y empecemos a bajar a la cancha.

* Profesor titular de Política Latinoamericana y Sociología (UBA).

domingo, 7 de octubre de 2007

Cátedras Nacionales * (Aritz e Iciar Recalde)

LOS NUEVOS DOCENTES DE LA CÁTEDRAS

Vinculados a esta nueva corriente del mundo católico, en el proceso de intervención militar, ingresaron en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, dos docentes que desempeñarían un papel fundamental en el proceso de intervención de la universidad de la gestión Cámpora. El ex cura Justino O´Farrel, ocuparía la Cátedra de Sociología Sistemática y Gonzalo Cárdenas -que había estudiado en un centro teórico de sacerdotes progresistas de la Iglesia Católica en Bélgica- dictaría la materia Historia Social Latinoamericana. Tres años después, en 1969, O´Farrel sería nombrado Director de la carrera de Sociología y Cárdenas ocuparía la Dirección del Instituto de Sociología. Ambos personajes, llevaban consigo una pesada carga político ideológica por ingresar con Onganía, que generó en un principio, el rechazo del movimiento estudiantil. Referente a esta cuestión y a la formación de estos personajes, el testimonio de González es el siguiente:

“O´Farrell y Cárdenas se revelaron no de inmediato porque también, en el primer momento el movimiento estudiantil los atacó. Yo estaba en el movimiento estudiantil de esa época, lo que les digo son recuerdos personales del primer aspecto que tenían ellos ante nosotros, que era de simple apéndice de los interventores. El movimiento estudiantil tenía una actitud de solidaridad con los profesores renunciantes. Este había sido un gesto que parecía la oposición nítida y necesaria ante la dictadura. (…) Estos profesores, al poco tiempo, empezaron a insinuar otras posibilidades que poco a poco nos fueron interesando, es difícil describir ese proceso de conciencia, el paso de una conciencia a interesarse por cosas antes desconocidas. Lo cierto es que en el caso de Cárdenas, él comienza a exponer una teoría latinoamericanista, le interesaba Mariátegui, el pensamiento de la izquierda nacional no le era ajeno, citaba a Jauretche, en fin, tenía distintos intereses culturales que coincidían con una cierta izquierda latinoamericanista. Él tenía una formación de economista cristiano, con influencia de la universidad de Lovaina, donde había cursos para economistas cristianos, donde también en el centro había un concepto de comunidad pero también de reparto de bienes, fuerte insinuación de socialismo. El padre Luís J. Lebre era el orientador de esa corriente. En el caso de O´Farrell, curiosamente había estudiado sociología de una manera casi funcionalista en Los Ángeles, que era un centro de sociología funcionalista. (…) O´Farrell también hace su camino personal, él era un cura de barrio, no tenía una presencia muy grande en la iglesia, su lenguaje era un lenguaje enredado pero interesante y también él comienza a insinuar el aspecto de una teoría de un sujeto diferente a la que postulaba el funcionalismo, el sujeto que poco a poco se revelaba como un sujeto con aspectos y alcances populares. (…) A partir de ahí se genera una corriente de simpatía mutua, porque al mismo tiempo en el movimiento estudiantil crecía el proceso de acercamiento a la historia del peronismo como una especie de tesoro escondido nunca bien interpretado.”

De la misma manera, Argumedo establece que la entrada de estos docentes a la vida universitaria significó la posibilidad de comenzar a gestar un proyecto de universidad nacional y popular:

“A partir de 1966, 1967 a la mayoría que no renuncia los echan y en 1967, 1968, es cuando se da la presencia azarosa de Justino O´ Farrel y Cárdenas, que venían de la universidad católica para llenar los espacios que habían quedado libres con las renuncias y las echadas, lo cual te dejaba el espacio para el desarrollo de las Cátedras. Se da también en Mar del Plata y algunos casos en el Salvador ya que los jesuitas se habían volcado bastante hacia el proceso de transformación social. Aquí se va gestando la idea de un proyecto de una universidad nacional y popular donde la idea era precisamente esto, romper los claustros universitarios para vincularse con los sectores sociales e intercambiar los saberes que te daba la universidad con los saberes y la sabiduría de los sectores sociales, más que una ambición profesionalizante. Por otra parte, incorporar en la universidad toda esta masa de ideas y producciones que eran despreciadas por los espacios académicos.”

El viraje ideológico del estudiantado y el desarrollo de las organizaciones peronistas, iría marcando una nueva etapa en las relaciones entre los docentes, los estudiantes y las luchas populares. En este contexto se forjaría rápidamente, como en una especie de realimentación mutua, la articulación entre el movimiento estudiantil y los profesores ingresantes. Una nueva generación de intelectuales con otras propuestas de enseñaza desde sus formas, sus contenidos y su vinculación con el país, se hacía presente en la universidad, marcando un hito histórico para la historia de los intelectuales en Argentina. Con el correr del tiempo y tras la designación de Cárdenas y O´Farrell, las Cátedras Nacionales se ampliarían con la entrada de nuevos intelectuales. Argumedo lo comenta de la siguiente manera:

“En un inicio O´Farrel y Gonzalo Cárdenas enseñaban con gran expectativa junto con el resto de los profesores. Lo que pasa, es que ellos tenían contacto con algunos amigos, yo no los conocía, pero creo que era con Roberto Carri y con Pablo Franco. Entonces, es cuando les ofrecen integrar sus cátedras y estos les dices que tienen otros amiguitos para entrar (risas) y ahí fuimos entrando todos. En una primera etapa hubo designaciones formales. A veces pagas y otras no, pero el alumno para recibirse debía pasar por esas horas cátedras. Tenía que pasar no por todas, ya que algunas eran optativas. Las designaciones fueron además para sectores de la izquierda y junto con nosotros entraron “gramscianos” como el negro Portantiero, Schmucler, Oscar Landi o Juan Villareal.”

En este marco docente, los estudiantes comenzarían a hacer valer su capacidad de organización, masividad y su poder de decisión en cuanto a la elección de cursadas. En palabras de Argumedo:

“A muchos sectores de derecha los alumnos los fueron desplazando por si mismos, sobre todo en la materias optativas e incluso en las teóricas, que los hicieron renunciar por que no iban a sus clases. En un momento pasó que un docente se fue indignado en una cátedra masiva ya que había una librería que desgrava los teóricos y los vendía y entonces parece que éste se ofendió ya que no había nadie en la clase, ni siquiera el desgrabador que le dejó un papel en donde decía que cuando largue la clase prenda el grabador… Este fenómeno se daba espontáneamente y a veces organizado. Ya que estudiar en ese contexto, el de Parsons, el de Merton, no daba demasiadas ganas de ir a clase. O iban a las Cátedras de Portantiero que tenían muy buen nivel o iban a las Cátedras Nacionales, o a las dos, pero los otros tipos no tenían lugar.”

El estudiantado, tal comentáramos previamente, entraría de lleno en la historia nacional. El aumento de sus reivindicaciones iría acompañado de un marcado proceso de ascenso y agudización de los conflictos y de las movilizaciones. En este marco político, los antiguos predicadores de la juventud perderían espacio y en su lugar se generaría un profundo proceso de refundación del sentido de la práctica docente y de las funciones de las autoridades universitarias. La pérdida de legitimidad de los sectores golpistas chocaría violentamente con los reclamos de los estudiantes. Así lo establece Argumedo:

“Lo que sucede es que a partir de tercer año, en 1968, 1969 cuando empezamos a tomar la facultad en “protesta de no se qué cosa” y a meterte en las luchas, ahí empezaron a querer reprimir pero ya era tarde. (…) Existieron dos episodios que cuentan por ahí que eran muy ejemplificadores del momento. No recuerdo en que año estaba el Decano, pero si que era un tipo de la derecha. Entonces fuimos a pedirle entrar de nuevo a la facultad y junto a nosotros 150 personas, todos estudiantes con la consigna de solicitar la renovación. El decano nos decía ¿qué hacen acá? y nosotros contestábamos que “somos profesores que venimos a pedir la renovación de nuestro contrato”. Nos decía ustedes “ni son profesores, son conchabados” y le contestábamos “usted es un hijo de remil puta”: esa era la forma académica de resolver los problemas en el marco de una universidad convulsionada.”

Las principales figuras del proyecto de las Cátedras Nacionales fueron Justino O´Farrell, que dictaba la materia “Estado y Nación” y estaba a cargo de la Cátedra de Sociología Sistemática; Gonzalo Cárdenas, que dictaba la materia “Historia Social Latinoamericana”; Horacio González, a cargo de “Problemas de Sistemática”; Juan Pablo Franco y Alejandro Álvarez a cargo del dictado de “Proyectos hegemónicos y movimientos nacionales.” Además, se encontrarían figuras centrales como la mencionada Alcira Argumedo, Gunnar Olson, Ernesto Villanueva, Roberto Carri, Guillermo Gutiérrez, Jorge Carpio, Néstor Momeño, Norberto Wilner, E. Pecoraro, Sasa Altaraz, Marta Neuman, Lelio Marmora, Alejandro Peyrou, entre otros.


* Este texto forma parte del libro “UNIVERSIDAD Y LIBERACION NACIONAL", de Aritz e Iciar Recalde, Nuevos Tiempos, Lanús, marzo de 2007.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Bases para un modelo propio de Servicio Social Universitario * (Carlos Sozzani)

Desarrollaremos a continuación algunas observaciones realizadas en base a las experiencias en curso hasta la actualidad, que pueden aportarnos a perfilar un modelo propio de Servicio Social.

- Todos los estudiantes de la educación superior prestarían el servicio antes de graduarse, por períodos de seis meses a dos años, de acuerdo al tipo de práctica. El impacto que el Servicio Social debe lograr en la formación de los estudiantes y en la estructuración misma de la universidad (contemplada en sus tres funciones: docencia, investigación y extensión) tendrá mayor intensidad si este se instituye promediando la formación del estudiante o al menos a partir de haber completado un 75% de la misma, y no una vez egresado. En cuanto a los egresados, podría establecerse una tutoría (rentada) por parte de los mismos, que aborde tareas de coordinación y acompañamiento de prácticas de Servicio Social.

- De preferencia se trataría de enviar a los prestadores del servicio a las regiones más desfavorecidas del país (rurales y urbanas) y, de ser posible, integrados en equipos interdisciplinarios, de manera que las comunidades que los reciban se beneficien en los campos de la educación, salud, medio ambiente, urbanismo, asesoría jurídica, y administrativa, etc. Por trabajo interdisciplinario no queremos decir: “… un equipo dirigido por un biólogo, por ejemplo en el que actúan como colaboradores secundarios químicos, estadísticos o economistas, ni tampoco un estudio múltiple de los distintos aspectos del problema hecho por varios especialistas que trabajan cada uno por su cuenta. El primer tipo de estudio es en realidad monodisciplinario y el segundo multidisciplinario. El ‘inter’ indica un grado de organización y amplitud mayor: los distintos aspectos discutidos en común por especialistas de igual nivel en las distintas disciplinas para descubrir interconexiones e influencias mutuas de esos aspectos, y para que cada especialista aproveche no sólo los conocimientos, sino la manera de pensar y encarar los problemas habituales en los demás.” (1)

- El Servicio Social debería ser parte integral del currículo, merecer los créditos académicos que correspondan y considerarse como una etapa de aprendizaje formativo, que permita a los estudiantes integrar sus conocimientos, ponerse en contacto con la realidad y aprender a trabajar en equipos interdisciplinarios. Esto es, el proyecto de Servicio Social se convierte en un espacio de aprendizaje, el territorio en su escenario -que sustituye al aula- y los problemas planteados por los territorios en el eje temático que permite diseñar un proyecto y servicio, que contribuye al cumplimiento de dos de los aspectos fundamentales del Servicio Social: la formación y la retribución social.

- Si el Servicio Social debe ser rentado o no es una discusión compleja que deberá resolverse atendiendo a la necesidad de no distorsionar el sentido solidario y formativo de esta práctica, al mismo tiempo que deberá garantizarse la manutención, hospedaje, movilidad, etc. de aquellos estudiantes que participen de grandes unidades de prácticas, fundamentalmente aquellas alejadas de sus residencias habituales.

- La manera óptima de prestar el servicio sería en el marco de una coordinación entre la universidad, organismos estatales y actores sociales que permitan la planificación participativa. El Servicio Social no sólo cumple una función en cuanto al proceso formativo de los estudiantes, sino que también tiene una fuerte incidencia en la relación entre la universidad y las necesidades nacionales, con lo cual no debe fragmentarse esta potencialidad como herramienta modeladora que permita avanzar hacia la conformación de un verdadero Sistema Nacional de Educación Superior, basado en la planificación y la acción coordinada, que favorezca la complementariedad de los esfuerzos y la asociatividad en programas conjuntos, evitando las duplicaciones y superposiciones innecesarias, y fortaleciendo las instancias de articulación. Superar el voluntarismo y la dispersión de esfuerzos llevados adelante desde cátedras y programas es el imperativo.

- Los estudiantes, antes de partir a brindar su servicio, deberían recibir talleres de capacitación que aseguren su mejor desempeño y adaptación al sitio donde serán destinados.

- Deberá excluirse del diseño cualquier concepto paternalista y considerar el Servicio Social Universitario como una comunicación de doble vía entre los prestadores del mismo y la comunidad, que genere un mutuo enriquecimiento. Así se aseguraría su carácter formativo y transformador.


(1) O. Varsavsky, Ciencia, política y cientificismo, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1969.

* Este texto forma parte del trabajo “EL SERVICIO SOCIAL UNIVERSITARIO COMO VECTOR DE TRANSFORMACIONES”, de Carlos Sozzani, diciembre de 2006.

martes, 11 de septiembre de 2007

“La autonomía no se debe confundir con soberanía” (Página 12, 11 de septiembre de 2007)

El diputado Cantero Gutiérrez explica su proyecto para reemplazar la Ley de Educación Superior. Propone eliminar el arancelamiento y vincular la universidad con las necesidades nacionales.

Por Julián Bruschtein

El debate para modificar o reemplazar a la actual Ley de Educación Superior (LES) ya incluye propuestas de diferentes actores e instituciones del sistema universitario. En la Cámara de Diputados, el peronista Alberto Cantero Gutiérrez (FpV), ex rector de la Universidad Nacional de Río Cuarto y ex presidente del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), presentó un proyecto en el que “se prohíbe lisa y llanamente el arancelamiento de las universidades nacionales”, se destina el 6 por ciento del presupuesto nacional al sistema universitario y se vincula a las casas de estudios con las necesidades del país, mediante un marco normativo “menos reglamentarista” que el vigente.

–La gratuidad de las carreras de grado fue vulnerada por la ley vigente: ¿está contemplada en su propuesta?

–Esta ley plantea la derogación de la anterior. Por supuesto que la educación debe ser gratuita, está perfectamente claro en el proyecto, lisa y llanamente se prohíbe el arancelamiento en las universidades estatales. Pero el estudiante debe responder a la gratuidad de la enseñanza asumiendo su comportamiento académico, porque la universidad tiene que ser gratuita, pero no gratarola. Si se están usando fondos públicos para garantizar que los jóvenes no sean discriminados por falta de recursos, la contraparte es que tengan rendimientos académicos acordes con la posibilidad que se les brinda.

–¿Su proyecto modifica el marco ideológico inherente a la LES?

–Una universidad nacional siempre tiene que generar un conocimiento y una propuesta comprometida con el desarrollo del país. Fundamentalmente, ponemos la educación superior como la herramienta central que tenemos: la inteligencia al servicio del desarrollo. Antes no era así, se la veía como un insumo profesional con un concepto mercantilista y ahora la proponemos como una inversión estratégica donde reconocemos que la inteligencia que necesita el país está en las universidades. Por eso las financiamos y les pedimos que se integren a la sociedad y al país. Por ejemplo, en la ley se plantea que en cinco años las universidades se pongan a combatir el analfabetismo. Es un ida y vuelta.

–¿Cómo sería la regulación del sistema de las universidades?

–En el proyecto se plantea un artículo con disposiciones transitorias, en donde se debe hacer un acuerdo a cinco años entre el Ministerio de Educación y todo el sistema universitario para su aplicación, que permita su transformación en relación con las necesidades del país. En ese lapso se caminará hasta llegar a ligar un seis por ciento del presupuesto nacional para el sistema de educación superior. Planteamos que por cada dos millones de pesos que tiene la institución debe comprometerse a entregar a los gobiernos con los que se relacione un programa de desarrollo educativo, académico, etc., que le sirva a la comunidad con la que interactúa. Las universidades se tienen que comprometer a graduar no menos del 50 por ciento de los jóvenes que reciben.

–En cuanto a las formas de elección de autoridades, ¿qué método propone?

–Desde el punto de vista de la organización interna planteamos que los mecanismos de elección sean directos y participen los cuatro actores: docentes, no docentes, estudiantes y graduados. Pero tiene que haber un nivel de ponderación que asegure el 50 por ciento de la representación para los docentes. Si queremos formar ciudadanos responsables, participativos y solidarios, tenemos que crear estructuras que reflejen estos conceptos. Pero también se plantea la carrera docente, a la que se ingresará por concursos de oposición y antecedentes, pero se mantiene la estabilidad en el cargo a través de un informe anual de desempeño y su avance en capacitación, investigación, etcétera.

–¿Qué se haría con la polémica Comisión de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau)?

–A la Coneau le cambiamos la orientación. En la ley se consolida la autonomía, pero la autonomía no debe confundirse con soberanía. En ese marco planteamos la autoevaluación en el marco de la autonomía y la evaluación a cargo de la sociedad. Pero cambiamos conceptualmente lo que se evalúa: los planes de desarrollo estratégico que tiene cada institución universitaria, que deben hacerse en el marco de los lineamientos que dé el Consejo de Universidades que conduce el Ministerio de Educación. Cada universidad tendrá las necesidades particulares de cada región, en el marco de autonomía que se garantiza, pero cumpliéndolo. Lo que se evalúa es cómo se va cumpliendo ese plan de desarrollo. Creemos que a partir de la jerarquización del CIN y de los consejos regionales se puede generar una mayor integración de las universidades en el desarrollo del país. El tema de las consultorías por ejemplo. Muchas veces tenemos grandes inversiones orientadas por excelentes consultorías, pero que están vinculadas conceptualmente al negocio financiero transnacional y no a la necesidad de desarrollo integrado del país.

martes, 4 de septiembre de 2007

CARTA ABIERTA A LAS AGRUPACIONES ESTUDIANTILES UNIVERSITARIAS (Aritz Recalde)

Luego de leer, escuchar y ver el comportamiento de las agrupaciones estudiantiles en el contexto de la renovación de las autoridades de la UNLP, no puedo dejar de percibir que gran parte de las cuestiones que se debaten y se repiten entre las agrupaciones, en casi todos los casos (hay excepciones) se debaten teniendo, pareciere, poca o ninguna noción de lo que se está discutiendo. Es más, diría que si uno observa la historia de las agrupaciones estudiantiles en el siglo XX y XXI (terminamos de escribir un libro que pueden leer), pocas veces encontraremos la superficialidad, falta de compromiso con el país y la desconexión con la aguda crisis social actual, como el que está atravesando parte del estudiantado. Se discuten las proporciones de las representaciones, la mayor o menor autonomía, se cierran universidades por un consejero…. Siempre desde posiciones sectoriales, nunca fuera de la arcaica y furibunda noción de la “autonomía” en su vertiente más conservadora: “UCR izquierdista”. A veces y a contrapelo de las épocas trascendentes del movimiento estudiantil, da la sensación de que los estudiantes suponen que la universidad es de ellos y aquí nace el problema: error, compañeros, la universidad es de quien la financia o sea, del pueblo; no de un grupo de estudiantes o de empleados del Estado (o sea, docentes y no docentes). Aquí nace el error (que de última pueden o no compartir conmigo); pero, lo que es peor, su justificación denota una inmensa ignorancia de los temas tocados. No sólo que no se discute prácticamente la función social, económica y cultural de la universidad, sino que además —y en estas disputas secundarias— sobre el dinero ajeno (o sea, sobre el presupuesto universitario que paga la gente) se dice cualquier cosa.

Voy a comentar solamente algunos temas, que creo, son un síntoma de la crisis política y de formación actual del movimiento estudiantil. Para hacer de mi planteo un esquema “operativo” voy a llamar a los argumentos esgrimidos por algunos estudiantes y agrupaciones bajo el término “zonceras”; haciendo de paso, alusión a nuestro queridísimo Arturo Jauretche, que bien conocía de estos temas de las inocentes desviaciones izquierdistas de la juventud.

1. Zoncera 1: todo lo que tenga que ver con la Ley de Educación Superior es sinónimo de entreguismo, traición a la patria y dios sabe cuántas otras cuestiones se repiten. Realmente luego de escuchar este planteo no puedo más que desarrollar una hipótesis: nadie leyó la LES o en su defecto, la leyeron pero no entendieron nada (un punto intermedio sería que se la contaron mal).

Yo hace mucho que estoy planteando la necesidad de otra ley (vean, si no, mi propuesta). Ahora bien no me confundo y le echo la culpa de la crisis universitaria al abstracto “neoliberalismo” “Banco Mundial” y no se cuántos fantasmas más que sintetizaría la “infame LES”.

Desde acá va mi hipótesis número 2: la LES actual es más progresista que el funcionamiento concreto de las universidades. Voy a ejemplificar mi argumento con el propio discurso y exigencias del estudiantado. Por ejemplo y sólo para mencionar lo que esta “infame ley” permitiría (y de hecho lo permite y voy a nombrar algunos casos):

a. Permite crear CONSEJOS SOCIALES con participación comunal, de organizaciones sociales o económicas o sindicales de la región (ver Estatuto Universidad de Quilmes).

b. Desarrolla la noción de Consejos Regionales de Planificación Universitaria para vincular la universidad con el sistema educativo en su totalidad (lean la lista de los CEPRES de la Secretaría de Política Universitaria).

c- Permite implementar la ELECCIÓN DIRECTA de autoridades (ver Estatuto Río Cuarto).

d- Permite la PARTICIPACIÓN CON VOZ Y VOTO DE LOS NO DOCENTES (ver Estatuto Universidad de Quilmes).

e- Permite el ingreso de la sociedad y sus organizaciones a los consejos de gobierno (ver estatuto General Sarmiento).

f- Permite implementar el “CLAUSTRO ÚNICO DOCENTE” (ver estatuto de la Universidad de Rosario).

O sea, estudiantes, no se necesita derogar la LES para tener otra universidad…, ¡qué ingenuidad! No se engañen con las teorías liberales de la época de Rivadavia que sostienen que las leyes “educan a los hombres” y que una ley “progresista” (con más “autonomía”) terminará con la corporación. No, muchachos, no le pasen la culpa a los “de afuera”: el cuco está dentro. Y no son tan villanos los que escribieron la LES (que tiene muchas cosas de liberales socialdemócratas antinacionales, estoy de acuerdo en eso) y por el contrario, FUE PEOR EN MUCHOS CASOS SU IMPLEMENTACIÓN DE LO QUE ERA LA LEGISLACIÓN. Por eso cuando culpan a los “casi terroristas” que adecuaron los estatutos a esa ley, el problema no fue adecuarse, sino que el tema fue que se tomó lo peor y no se implementó lo que servía. En definitiva la universidad siguió tal cual era desde 1975: una corporación de espaldas al país, adecuados o no los estatutos. La UBA “combativa”, que resistió y no “se entregó” a la LES, ¿es progresista con el estatuto de la época de Aramburu-Frondizi? Es igual de corporativa que otras que sí se adecuaron. No, estudiantes, la culpa no era simplemente de la LES. Muchachos, ajusten la puntería, lean, discutan, pero con más fundamentos; no repitan las parcialidades de la corporación.

Otra parcialidad que nace de la ignorancia de las agrupaciones está relacionada con la repetición del “supuesto de que el neoliberalismo quería cerrar la universidad pública” y todo lo que se hizo en 1990 a la actualidad lo operó el “Fomec y el BM”, etc, etc. ¿Saben cuántas universidades públicas se abrieron entre 1989 y el 2001? 11 universidades sobre las 38 existentes. O sea, casi un 30 % de las universidades estatales argentinas se abrieron en este período caratulado “por querer cerrar la universidad”. Piensen, compañeros, la primer universidad (Córdoba) se abre en 1613. Hasta 1988 existían 27 universidades, lo que deja un promedio de una universidad abierta cada 13 años. En menos de 15 años se abrieron 11.

Piensen, muchachos, el tema es más complicado, no repitan por costumbre. El neoliberalismo vino por el petróleo, la soja, el ahorro o las empresas públicas, la universidad la negoció en el Pacto de Olivos con la UCR PJ: era el costo de la clase media para renunciar a las luchas nacionales. No busquen el malo afuera, es la salida facilista.

2. Zoncera 2: deroguemos la CONEAU, otro “monstruo del FMI o el BM” (y desde 2003, también de Kirchner).

a. Antes de negar, de “me opongo a todo”, ¿saben, muchachos, qué es “acreditar” una universidad? ¿Nadie debe hacerlo?, ¿está mal planificar la creación de carreras desde el Estado? (o sea, con el conjunto de ministerios y dependencias públicas). No se trata de negar, sino de decir qué CONEAU queremos o, si no, pasen esta función a la universidad para que sigan abriendo carreras desconociendo la necesidad del país o para que medicina de la UNLP siga con los negocios de los laboratorios.

b. ¿Saben qué es evaluar? Por ejemplo, muchachos, que un funcionario de la UBA no se robe los 200 millones de pesos y nos enteremos 4 años después que no le pagó a nadie. Que el pueblo sepa en qué gasta su dinero: esto es progresista, estudiantes, no es tema del BM solamente. ¿De dónde sacaron que hay que derogarlo? El planteo “me opongo a la evaluación” es absurdo y lleva, por ejemplo, a que terminemos con la SIGEN, con la AGN, con el Tribunal de Cuentas y que cada funcionario público haga del dinero de la gente lo que se le ocurra. ¡Buena idea! ¡Que el gato cuide la sardina!

El debate no es derogar la CONEAU. Es un disparate. El tema es: ¿qué tipo de acreditación necesita el país?, ¿qué hay que evaluar? Ese el debate.

3. Zoncera 3 (a los “estudiantes de izquierda progresistas”): “los estudiantes no tenemos representación en relación a los docentes”. Perfecto, muchachos, comparto el diagnóstico. Pero les hago una pregunta: ¿quién representa a los 38 millones de argentinos en la universidad? (sepan que a la universidad pública van aproximadamente 1,3 millones de argentinos o sea, solamente el 3,4% de la población tiene este privilegio). ¿Los representan solamente los electores del 3,4 % de la clase media? ¡Qué bueno: un gobierno de blancos izquierdistas que les maneja el presupuesto a las masas (que votan en los partidos “permeables al poder” e irracionales) y que bloquea la universidad para obtener más participación de uno u otro sector de la institución! ¡Qué progresista la izquierda estudiantil, que plantea que en el siglo XXI hay que sostener la autonomía conservadora (que es distinto a la democracia y el protagonismo estudiantil) para que no se meta el “poder y el mal gobierno” adentro! Interesante teoría que parte del supuesto de que la mayoría popular es ignorante y que los blancos de la universidad merecen cerrarse al resto de las políticas públicas y a las elecciones que hace la sociedad. Me suena un poco racista e iluminista la cosa: si realmente siguen pensando así, que el problema de representación para la distribución del gasto público es tema sólo de alumnos, ¿por qué no proponen que en el Congreso Nacional participen sólo los universitarios?

Sería bueno, estudiantes de “izquierda”, que lean a Lenin, Trotski, a Mao o Fidel y que se imaginen su opinión de esta lucha verdaderamente “revolucionaria” de la juventud en los países pobres: un consejero más en el consejo de la isla democrática. No les voy a comentar la respuesta: se cae de madura, muchachos. ¿Realmente creen que un consejero más en todas las facultades modificaría la corporación?, ¿que ese es el debate de la “democratización”?

Desde ya que comparto una democratización entre los miembros de la universidad, pero la verdadera democracia es la capacidad de que las casas de estudios le sirvan a la gente y ese es el rol primordial del estudiante de izquierda o que se considere nacional: combatir por alcanzar la función social de la universidad para la liberación nacional. Primero está el país y luego los intereses sectoriales, que no por importantes, son los únicos.

4. Zoncera 4: La política salarial de los docentes universitarios del gobierno de Kirchner es “neoliberal” ¡y hasta asesina! Es increíble, estudiantes; no se sentaron ni 5 minutos a estudiar la política salarial universitaria del gobierno y es por eso que no solamente dicen que es “neoliberal”, sino que además no solo oprimiría a universitarios sino que también Filmus con esta infame explotación docente ¡¡mató a Fuentealba!!

¿Sabían muchachos que si uno toma el piso salarial de los docentes universitarios del año 1987 (momento más alto de los últimos 30 años) tenemos que el salario actual en valores nominales es el más alto que haya existido? ¿Saben que se recompuso el salario desde 2003 y superó por varios números la inflación post devaluatoria? Es más, me atrevo a decir que en gran parte de los casos ni siquiera saben cuánto ganaba un docente en el año 2003 y cuánto ahora.

Les voy a tirar algún número (solamente los extremos de la escala: lean al anuario 2005 del portal de la Secretaría de Política Universitaria: ¡¡¡lean!!!).

Escala salarial docente, Sueldo Bruto con Antigüedad promedio (los datos son al año 2006: hay que sumarle un 20% más).

DEDICACIÓN CARGO AÑO 2003 AÑO 2006

Exclusiva Titular 1.995, 4.438
Exclusiva Ayudante 1.282, 2.890
Semiexclusiva Titular 721, 1.780
Semiexclusiva Ayudante 458, 1.216
Simple Titular 259, 725
Simple Ayudante 138, 490

Aproximadamente el 50% de los docentes tiene dedicación simple.
Aproximadamente el 30% de los docentes tiene Dedicación exclusiva y semi exclusiva.
El 70% del gasto es en personal.

De acá se pueden concluir varias cosas. Primero, que el gobierno de Kirchner no es adverso al aumento salarial de los docentes universitarios y que les aumentó más del 100%. Segundo, que hay una asimetría entre el 30% de semi y exc. a la mayoría del 50% que tiene categoría simple (cada universidad decide su política salarial por ley).

En definitiva, apoyo fervientemente la lucha por el aumento salarial (de hecho soy profesor y milito en ADULP), particularmente para las categorías más bajas (incluyendo los “ad honorem”). Ahora bien y pese a eso, no es correcta la apreciación de que este gobierno tiene una política salarial “neoliberal” (realmente y para ser sincero, es una verdadera pavada). El problema del país no es que el gobierno explote docentes, no, el drama en cualquier caso, es que garantiza un marco político para los negocios de varias trasnacionales (Repsol o Techint). Afilen la puntería, muchachos: este gobierno está lejos de no querer pagarles a los docentes; es una apreciación parcial e injusta.

Luego de estas notas les paso mi opinión sincera: no me preocupa tanto la ignorancia de los militantes; al fin de cuentas, ya sabía que los años noventa calaron hondo y eso se arreglará con el tiempo, para eso milito. Lo que verdaderamente me preocupa es ver que en otros gobiernos: los estudiantes y docentes se opusieron a Irigoyen por ser “peludo y autoritario”; a Perón, porque era “fascista”; a Frondizi, por el debate de “la libre o laica”, y marcharon contra Illia por “triplicación de presupuesto” (y por ser una “tortuga”: “Illia Perete gorila y alcahuete”). O sea, los estudiantes y su autonomía siempre fueron punta de lanza para enfrentar a la democracia y favorecer a que entren las dictaduras (Uriburu, Aramburu y Onganía: tres políticos promovidos por los “estudiantes”). Esta gris antología de hechos “revolucionarios de izquierda”, contaría con dos excepciones dignas de mencionar: 1918 y 1973. Regresemos a ellas muchachos, sin anteojeras y a conciencia.

Mi propuesta es fácil:
1. Lean antes de hablar: hay información en esta página (http://www.isepci.org.ar/) y les recomiendo el anuario 2005 de la Secretaría de Políticas Universitarias.

2. ¿Cuál es mi propuesta para otra universidad? (vean mi texto para otra LES). Pero además les adelanto, desde mi modesta opinión, algunos temas que creo prioritarios:

- PRESUPUESTO PARTICIPATIVO en centros de fotocopiado y buffet (el centro es de todos los estudiantes, no de una agrupación particular).

- PARTICIPACIÓN CON VOZ Y VOTO EN LOS CONSEJOS DE LA “SOCIEDAD” QUE FINANCIA la universidad.

- Vinculación directa entre el CONICET, SECYT, etc. y los programas ministeriales.

- SERVICIO SOCIAL OBLIGATORIO para estudiantes y egresados.

- VOLUNTARIADO PERMANENTE.

- AUDIENCIAS PÚBLICAS.

- SUMAR AL PROMEDIO EL 0,20 % al estudiante que participe en proyectos de extensión.

- Desarrollo de una “SECRETARIA DE PLANIFICACIÓN ECONÓMICO-SOCIAL” en todas las universidades.

Como es mi costumbre, mi retórica es un poco ácida; pero no es nada personal, solamente busco favorecer el debate.

Saludos militantes y pese a las diferencias que tengamos espero que nos siga reuniendo la convicción de que debemos construir otra universidad.

lunes, 3 de septiembre de 2007

El interés nacional y popular (Miguel Talento) *

Comienzo diciendo algo ya sabido: Juan Domingo Perón lideró una etapa de integración social y de distribución de poder político, material y cultural para las grandes mayorías, inédita en la Argentina. Y en ese sentido, la huella del peronismo también se imprimió en el incremento de la matrícula universitaria y en la eliminación del sistema de restricciones vigente hasta entonces.

Pero, además le planteó a la universidad la segunda apelación más importante del siglo pasado (la primera, claro, fue la Reforma de 1918): la integración con el interés nacional y popular.

Es imposible desconocer que en la educación superior se desarrolló duarente la primera presidencia de Perón un consenso contrario al que imperaba en el país y que generó no pocas fricciones. Sin embrago, 15 años después (a comienzos de los años70), diferentes factores confluyen en un enorme movimiento de masas que se definió por el polo que lideraba Perón.

En este contexto, se genera una nueva expresión del peronismo universitario que alcanza, por primera vez, legitimidad universitaria a través de las elecciones que se fueron ganando sucesivamente. De hecho, yo mismo lideré la FULNBA en esos años.

Y es importante decir que -una vez retornado del exilio- Perón fue cuidadoso de la situación de la educación superior. De hecho, aún en el conflicto que mantenía con la izquierda de su movimiento, conservó en la universidad un espacio de negociación abierto. Sus hombres para la educación y la universidad fueron: Rodolfo Puiggrós, Vicente Solano Lima, Luis Agoglia, Jorge Taiana, entre otros. Todas estas, condiciones que se modificaron con su muerte, hoy hace 30 años.

(*) en Diario La U, jueves 1 de julio de 2004